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No hay cosa que pone más en duda la estabilidad, el buen manejo de los Recursos Humanos, y del directivo de una empresa, que el hecho de que sus empleados (especialmente los más calificados), comiencen a irse por su propia cuenta.

¿Cuáles son las causas?  La mayoría de los directivos cree que son mejores ofertas, como un mejor sueldo o menos horas de trabajo. Aunque, sin duda estas ofertas desempeñan un papel importante, considerarlas la causa principal resulta simplista. Un empleado que siente pertenencia hacia su empresa, su equipo y se siente cómodo, necesita más que un buen salario para irse.

A continuación, vamos a plantear alguna de las razones:

1. Asignan demasiado trabajo

Es muy tentador mandar el trabajo más difícil a los mejores trabajadores. Aunque es entendible para los jefes, para los empleados resulta desconcertante: se sienten como si se les estuviera castigando por hacer bien su trabajo.

Si se tiene que aumentar la cantidad de trabajo, también se debe aumentar su estatus dentro de la empresa. Los empleados cualificados pueden asumir grandes cargas de trabajo, pero no se quedarán en la empresa si se ven asfixiados y no se valora su eficiencia.  

2. No reconocen ni recompensan el trabajo bien hecho

A todo el mundo le gusta que le feliciten, sobre todo a aquellos que trabajan duro y dan todo de sí mismos. No hay que subestimar el poder de una palmadita en la espalda, de invitar al equipo a una cena o hacer un pequeño brindis en la oficina. Es necesario que los jefes se comuniquen con sus trabajadores, averigüen qué tipo de cosas les hace sentir bien (en algunos casos, un aumento; en otros, el reconocimiento público) y los recompensen por el trabajo bien hecho. Los empleados deben dejar saber que no son una simple tecla en la empresa y los jefes deben aprender a celebrar el éxito de los mismos, a empatizar con ellos y a estimular.

3. Mal ambiente laboral

Un gran porcentaje de los casos de deserción laboral se deben a un mal ambiente de trabajo. Si un empleado se siente incómodo entre sus compañeros o entre sus superiores, empieza a buscar una salida.

En primer lugar, debemos saber que las empresas que actúan con más inteligencia se aseguran de que sus directores sepan mantener un equilibrio entre la profesionalidad y la humanidad.

Los encargados de Recursos Humanos no tienen la responsabilidad exclusiva de contratar personas, despedirlas o dar permisos laborales, sino también de hacer una constante medición del clima laboral y sugerir acciones para elevar la calidad del mismo. La importancia de las fiestas, paseos y tiempo con los compañeros no debe subestimarse. 

El machismo y feminismo, el acoso y hasta bullying son casos importantes a tratarse.

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4. No plantean desafíos para el intelecto y el crecimiento

Muchas personas no solo buscan un empleo con una buena paga. Hay personas que quieren crecer intelectualmente y ganar experiencia porque se sienten apasionados por lo que hacen. Así que cuando se encuentran en un trabajo que no los desafía, se decepcionan.

En vez de establecer objetivos mundanos y graduales, es necesario poner retos a los empleados. Dejar el listón muy alto para hacer que los trabajadores salgan de su zona de confort. Una vez hecho esto, los buenos jefes hacen todo lo posible por contribuir al éxito de sus trabajadores.

Lo peor de esto, es que un empleado que vive en la monotonía no tiene la oportunidad de desarrollarse y no se le puede sacar partido a sus habilidades.

5. Contratan y ascienden a la gente equivocada

Cuando no se hace una buena elección de las personas que conformarán un equipo, o los nuevos integrantes, mucha gente puede salir afectada. Los empleados dedicados y con talento desean trabajar con profesionales que estén a su altura, por lo que es normal que se sientan desmotivados al tener que trabajar con ciertos compañeros.

Ascender a la gente equivocada es incluso peor. Alguien que se parte el espinazo día a día se siente insultado cuando ve cómo ascienden a otra persona que no lo merece.

6. No tienen en cuenta la creatividad

Los empleados mejor cualificados buscan mejorar todo lo que tocan. Enjaular su deseo innato de crear no solo limita a los empleados, sino que también limita al jefe.

Si se quiere conservar a los mejores trabajadores, hay que poner especial atención al trato que se les da. Aunque estos trabajadores sean duros como una roca, su talento ofrece infinidad de opciones. Un buen jefe, hace que sus empleados estén orgullosos de trabajar para él.