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Cada vez fumamos menos, hacemos más deporte y comemos mejor. El culto al físico, tan de moda en las últimas décadas, ya no es suficiente.

Ser o estar obeso, además de estéticamente inaceptable, afecta a la salud e incide en la esperanza de vida. La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo ha advertido en múltiples ocasiones. Tantas que hasta los negocios de comida rápida se han puesto las pilas. Y eso que está demostrado que, cuando acudimos a un restaurante fast food, lo que queremos, sin duda ninguna, son calorías. Por mucho que las cadenas se esfuercen en mejorar su imagen con opciones más sanas que, por otra parte, no suelen triunfar (entre otras cosas porque al final no son tan sanas: algunas salsas de ensaladas contienen más calorías que una hamburguesa).

El sobrepeso en el mundo

Hay otras formas de comer pero requieren un esfuerzo. El mundo civilizado come mal. El 50% de la población europea es obesa o tiene sobrepeso, por detrás de Estados Unidos. Alrededor de 360 millones de personas en Latinoamérica tienen un peso mayor al recomendado en función de la altura de la persona y otros indicadores. El trabajo, los desplazamientos, los hijos y el escaso tiempo libre impide que tengamos tiempo para cocinar o para comer sano. Y eso estresa y engorda.

Pero, antes de hablar de comida saludable, cabe preguntarse ¿por qué engancha tanto la fast food, sobre todo entre los más pequeños? Los expertos consideran que no se enseña a comer bien en la infancia y se programa a los niños para que prefieran la comida barata y rápida, sobre todo en las capas sociales con menos recursos. Varios estudios demuestran que las comunidades autónomas con más paro, concentran mayor número de obesos. En definitiva, se come lo que dice la publicidad y las grandes corporaciones alimentarias: de hecho, un 35% de la compra en el supermercado es de carácter impulsivo.

La-tendencia-de-comer-rico-y-sano…-pero-caro

Comer sano está de moda y es bueno para la salud pero… resulta caro para el bolsillo. No hay más que comparar el menú en un restaurante de comida rápida (hamburguesa, patatas fritas y helado) con otro de comida igual de rápida pero “sana” (ensalada, sándwich de salmón y pieza de fruta). A veces dos o tres veces más caro. Cada vez. Cada día.

¿Moda o necesidad?

El tiempo lo dirá, pero lo cierto es que cada vez hay más negocios dedicados a la comida sana e incluso muchas franquicias.

Cada vez hay más adeptos. Son clientes que valoran la calidad y el modo de fabricación a base de ingredientes frescos, naturales, sin conservantes ni aditivos. Estos establecimientos suelen ofrecer productos veganos o vegetarianos que, sin duda, proyectan una imagen más elitista, alejada de la idea de masas que se asocia a los establecimientos de comida rápida tan de moda en los años 80 y 90.

Y sí, resulta un poco más caro pero los practicantes están convencidos de que invierten en salud. Está claro que algo está cambiando en nuestros hábitos alimentarios. La ayuda de ejercicio y la ausencia de alcohol y tabaco, sin duda, refuerzan nuestro bienestar. Esta vez parece algo más que una moda y que subir buenas fotos a Instagram.

Artículo de Finanzas para Mortales