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Wilson Sucaticona

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Quiero iniciar a compartir con ustedes historias de empresarios que empezaron desde cero y hoy, con esfuerzo y dedicación, han llegado significativamente lejos. Y no merecemos abrir esa categoría de “Empresario del mes” con Bill Gates o Donald Trump, cuya historia nos han repetido muchas veces. Vayamos mas cerca, hay miles de latinoamericanos que son todo un ejemplo de emprendedurismo y buena administración  que nos invitan a conocerlos y a servirnos de inspiración. Hoy tenemos a Wilson Sucaticona.

Un día, Wilson Sucaticona bajó al poblado de Tunkimayo, Sandia a entregar un café, pero todas las personas con las que se cruzaba lo felicitaban. Él no sabía por qué y simplemente siguió caminando con su producto en la espalda hasta las oficinas de Cecovasa. Aquí le contaron lo que había sucedido: un grupo de 30 catadores profesionales, reunidos en California (Estados Unidos), había escogido su café como el mejor de tipo orgánico sobre otros 139 granos, provenientes de países que son potencia en su producción.

Vamos a conocer un poco sobre este hombre que pasó de un simple productor nacional, a un empresario con marca propia cuyo quintal de café está valorado en 1,000 dólares.

Wilson Sucaticona, descendiente de la nacionalidad indígena Aymara (en Perú), tiene 42 años y  está produciendo en su granja, en Tunkimayo el mejor café de América. En diciembre de 2009, en el evento de Taza de Calidad de Rainforest Alliance, el café Tunki ocupó el segundo lugar, derrotando a fincas de Brasil, Indonesia y África. En el 2010 ganó el premio al mejor café orgánico del mundo con la marca TUNKI en la XXI Feria SCAA en Estados Unidos. Y ha ganado el premio a mejor café de Perú en tres ocasiones.

La finca de Sucaticona es pequeña y sencilla, pero con el orden adecuado para estar certificada y cultivar un café orgánico (libre de pesticidas y abonos artificiales), cuyo aroma y sabor a chocolate acaramelado es suficiente para conquistar.

Ahora Sucaticona cuenta cuáles son las claves para lograr y mantener el éxito al que ha llegado:

 Experiencia:

“Llevo en esta actividad desde que tengo 17 años. Como mis padres y mis abuelos eran caficultores, crecí cultivando café. En mis vacaciones de la escuela ayudaba en las labores de pilado, fue así que empecé a aprender. Cuando mi padre no pudo seguir trabajando, yo me hice cargo de nuestra pequeña finca de tres hectáreas.”

Perseverancia:

Este es un trabajo difícil y hay que cuidar todo el proceso porque cualquier cambio puede afectar la calidad. Todo es importante, desde la forma de sembrar, hasta la cosecha, el secado… si algo no se hace bien, se daña el café. Por ejemplo, para asegurar que la calidad no se afecte, yo llevo mi producto en carretilla hasta la centro de acopio. Son tres horas de caminata desde mi finca pero lo hago porque me di cuenta que el aroma del café cambia si lo llevo en mula o caballo, porque los animales sudan y su olor afecta al grano. Como yo quiero que mi café sea perfecto, siempre estoy buscando la forma de mejorar las cosas.”

Wilson cultiva y cuida su plantación, luego lleva muestras de la cosecha a un jurado en ferias nacionales e internacionales, que evalúa la calidad del producto y le pone precio. Después de esto los clientes interesados les compran la cosecha actual y hacen pedidos especiales de futuras cosechas.2

Dedicación:

Le dedica 18 horas al día y aprovecha al máximo la luz diurna para trabajar su finca.

“Todos los días trabajo, no alcanza el tiempo”, afirma.

Su café orgánico, que ya es una marca reconocida en todo el mundo por su calidad, aroma y sabor achocolatado, ha llevado a Tunki a convertirse en uno de los hombres mas ricos de Perú.  Wilson dice que jamás se imaginó llegar tan lejos con su café, pero que ha comprobado por sí mismo, que no hay nada que con empeño y buena administración, no sea capaz de cumplirse.

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