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Luis Noboa Naranjo

 

“La vida no es magnífica y hay que luchar a fondo, hay que arrancarle lo mejor que tiene, pues al cabo de la esquina está la muerte.”

Hoy hablaremos de nuestro empresario del mes, considerado el empresario mas grande de Ecuador del siglo XX y el hombre mas rico en toda su historia, que se aferró a su pasión y de no tener nada, pasó a crear y mantener un imperio: Luis Noboa Naranjo.

Infancia:

Luis Noboa Naranjo nació en una ciudad de Ecuador muy pequeña llamada Ambato allá por el año 1916. Su padre era odontólogo y su madre costurera y ama de casa. Para desgracia de la familia, el padre quien era el sostén del hogar, fallece al caer de un caballo cuando Luis tenía apenas 5 años, dejándolo huérfanos a el y a sus tres hermanos: Enrique, María y Amanda.

La madre de Luis en busca de oportunidades decidió mudarse a Guayaquil, que en ese entonces era la ciudad mas importante del país. Allí consiguió trabajo como empleada de limpieza en un hotel, con un sueldo que apenas le alcanzaba para vivir y pagar el alquiler de un lugar pequeño, donde todos tenían que dormir en una pequeña cama. La mujer buscó la forma de que todos sus hijos fueran a la escuela, la no quedaba muy cerca, por lo tenía que darle a sus hijos unas pocas monedas para el pasaje. Pero Luis y su hermana preferían irse caminando y ahorrar el dinero del transporte para poder pagarle el pan fiado que tomaban del pastelero del vecindario, así la familia tenía algo para merendar algunas veces.

Un grande se despierta:

Desde muy temprana edad, el pensar de Luis era diferente al de muchos niños: el sabía que no podía permitirse irse a jugar después de la escuela mientras su madre pasaba todo el día fuera de casa trabajando, por lo que comenzó a buscar trabajos para poder aportar algo a su hogar. Así fue como entró al mundo del boxeo, anunciando los rounds en las peleas.

En una de las muchas veces que la gente le hacía hablar de su pasado luego de haber construido su imperio, Noboa contó que cuando había recibido su primera paga, aunque no era mucho, corrió a su madre y le entregó el dinero con lágrimas en los ojos, haciéndola llorar a ella también y convirtiéndose en un momento muy emotivo para toda la familia.  “Si he triunfado es por ella. Mi triunfo es el triunfo de mi trabajo. Ella me enseñó a trabajar duro, franco a fondo.” Decía Noboa todo el tiempo cuando hablaba sobre su madre.

Su madre le dijo, en ese entonces al recibir su primera paga, que cada trabajo que hiciera, fuera honesto, y que trabajara dando lo mejor de sí. Desde ese día Luis no paró de buscar nuevas formas de ganar dinero. Ahorró lo que ganaba en las peleas de boxeo para comprarse materiales de lustrar zapatos y una caja de madera. Cada día, luego de salir de clases, Luis iba a la calle a lustrar zapatos y en las noches a las peleas de boxeo. A los 10 años tomó un empleo de vender periódicos y revistas en la calle, descubriendo así su talento de vendedor, se ubicaba en el centro de la ciudad y con las palabras y el empeño, vendía hasta cien ejemplares en un día.

En su nuevo trabajo, las personas comenzaron a sentir cariño por el pequeño y esforzado Luis, y lo consideraban su vendedor estrella. Sin embargo, Luis siempre miraba mas allá, por lo que con las pequeñas comisiones que ganaba empezó a comprar utensilios para vender por su cuenta, pasta y cepillos de dientes, papel, etc.  Todo el dinero que lograba reunir se lo llevaba a su madre, ya por lo menos alcanzaba para comer algo decente.

El mentor de Luis

Según cuenta Luis, la primera vez que vio el gran Banco, fue un día en que salió a vender paños para pulir metales. Decidió entrar y casualmente se topa con un alto ejecutivo y le dice: “Reciba un cordial saludo caballero, vengo a venderle un tipo de paño especial para limpiar metales, pues he observado que en este edificio hay muchos metales y ninguno reluce”, efectuada esta demostración al joven Juan X. Marcos, quien realmente era el hijo del dueño del banco, este quedó impresionado con la fuerte personalidad del pequeño emprendedor, y le ofreció trabajo como conserje.

El pequeño Luis le respondió a Juan X. Marcos que lo pensaría. Le gustaba la oferta de trabajo, el inconveniente es que ganaría menos que lo que obtenía como vendedor. Sin embargo, pensó en todos los conocimientos que podría aprender allí.

Ese mismo año acabó los estudios primarios y le hizo saber a su madre que no estudiaría más, pues necesitaba del tiempo para su nuevo empleo. En el banco, Luis era el encargado de llevar la correspondencia y muchas otras labores mas, además de que Juan X. Marcos lo sentaba junto a él en la oficina, de vez en cuando, le daba consejos y le explicaba cómo se manejaba el negocio.  El pequeño Luis quedaba fascinado con esas conversaciones, pues para él este mundo era lo suyo.

El negocio comienza

Luego de un año trabajando en el Banco, Luis le pidió un préstamo a Juan Marcos de  3,000 Sucres (que era la moneda de ese entonces, equivalente mas o menos a $300 dólares actuales), asegurándole que en tres meses tendría de vuelta el dinero con su respectivo interés. Cuando llegó el día acordado, Luis cumplió con su palabra y devolvió el dinero, pero pidió un nuevo préstamo de 6,000 y luego otro de 10,000. Juan X. Marcos, viendo que ya era una cantidad considerable para un niño de apenas 13 años, le pregunto con una sonrisa “¿Luis, en qué negocio somos socios?”, luego descubrió que el pequeño pero astuto Luis se enteraba de los remates de la Aduana para aprovechar las ofertas y vender después al doble y hasta el triple del precio las mercancías adquiridas. ¡Qué astuto!

Su propio puesto

Luis trabajó hasta los 17 años con Juan Marcos y decidió marcharse, para poner su propio negocio, pues era lo que siempre había soñado, y había reunido el dinero suficiente. Inició con una casa de cambio en la cual no le iba nada mal gracias a su trabajo duro (16 horas diarias).

A los 19 años incursionó en la exportación de arroz por medio de su pequeña empresa, a pesar de que la exportación de arroz era un negocio que aún no se explotaba en el país. A parte de eso, la guerra había empezado y el transporte significaba un riesgo.

El comienzo de un imperio

A los 25 años, Luis quería meterse a la exportación de arroz en grande, así que se asoció con Juan X. Marcos (sí, su mentor en el Banco, mire cómo da vueltas la vida) y ese año logró exportar 110 mil quintales de arroz con lo que ganó su primer millón de Sucres. Rápidamente se volvió el mayor exportador de arroz de Ecuador.

Un año más tarde, sin dejar de exportar arroz, ingresó a la empresa Standard Fruit Company, una de las grandes exportadoras de banano. A los 40 años, ya sabía todo sobre el negocio del banano y de la exportación, decidió exportar banano por su cuenta y adquirió una concesión de la marca Quacker Oats y luego también adquirió molinos Poultier, creando ese mismo año su gran empresa y futuro imperio, la Industria Molinera y Exportadora Bananera Noboa.

Sin embargo, nunca rompió su relación con la Standard Fruit Company, y en ocasiones, transportaba su banano en la que mas adelante seria su gran flota de buques. Así este humilde hombre se convirtió en el Rey del banano y acumuló la fortuna más grande del Ecuador, que es un país relativamente pequeño, donde nunca antes alguien había creado tan grande imperio y mucho menos desde cero. De esta manera Luis Noboa Naranjo fue el primer y único hombre hasta la fecha en Ecuador, en ser nombrado en la prestigiosa revista Forbes como el hombre mas rico del Ecuador con una fortuna de $1.200 millones de dólares, suma bastante considerable para la fecha.

El grande se ha ido

Finalmente Luis Noboa muere debido a una insuficiencia cardíaca, en la ciudad de New York en 1994 a la edad de 78 años.

Esta es una historia de empeño, lucha, esfuerzo, trabajo, astucia, inteligencia y éxito, como dice su hija Isabel, hablar de Noboa Naranjo es contar el perfil de un triunfador.