829-547-0135 hola@ibanonline.com

Aunque a diario nos encontramos con personas que siempre están la mar de bien, como si fueran inmunes a los problemas y a las enfermedades, todos somos capaces de ponernos de mal humor, solo que no con la misma facilidad.

¿De dónde viene el mal humor?

Esta emoción universal es un estado de ánimo. Sin embargo, lo que le sigue a esto varía mucho en diferentes expertos, pues incluso algunos ven cosas increíblemente positivas.

La negación de la realidad es uno de los desencadenantes de donde proviene este estado. Seguro que conoces a ese tipo de personas que no terminan de asumir determinadas cosas.

“No están conformes con lo que esperaban, con la expectativa que habían depositado, y eso produce una frustración que puede traducirse en el enojo, el mal humor, que les hace ver las cosas todavía de forma más negativa”. Dice la psicóloga y terapeuta Marta Centellas, que ve el mal humor como una distorsión de la percepción del presente.

¿Quiénes padecen más el mal humor?

Estar peleados con la vida nos hace egocéntricos y las personas egocéntricas sufren más mal humor que los demás, según la psicóloga Diana Pérez Cortés. “El mal humor es estar en resistencia, en lucha con uno mismo porque te sientes mal contigo mismo, seas o no consciente de ello. El ego quiere conseguir cosas para sí mismo y al no obtenerlo se frustra. Evidentemente estoy hablando en el caso extremo, porque como en todo hay grados”.

Aparte de los egocéntricos, hay personas igual de proclives a padecer este estado: Las hipersensibles, porque viven siempre en estado de alerta y tensión. Las perfeccionistas, por sus altos niveles de exigencia e insatisfacción y las depresivas, por su sentimiento recurrente de desesperanza.

 

Pero hay un lado positivo…

Hay otros estudios que incluso parece que ensalcen el mal humor. Joseph Forgas, en la revista Science y profesor de Psicología de la Universidad de Nueva Gales del Sur en Australia, asegura que el mal humor mejora las capacidades para afrontar los problemas porque son personas menos crédulas, piensan con más claridad y tienen una mayor capacidad comunicativa. “La irritabilidad, en dosis moderadas, tiende a promover un estilo de comunicación más concreto y, en definitiva, más exitoso. Mientras que el humor positivo parece promover la creatividad, la flexibilidad y la cooperación, el mal humor fomenta la melancolía y activa una forma de pensar más atenta, reflexiva y cuidadosa”.  

Sin embargo, otros expertos aconsejan mejor dejar que el enojo y el mal humor pase para poder tomar decisiones. “No es adecuado tomar decisiones cuando uno está bajo el efecto de una emoción desbordada porque lo que se bloquea es el pensamiento racional y entonces las decisiones que se toman pueden ser las menos efectivas o acertadas, porque están contaminadas por un efecto de tipo emocional”, señala el psicólogo Gustavo Marín.

De algo sí podemos estar seguros y es que vivimos en una sociedad donde necesitamos dinero. Donde el dinero es esencial en nuestra vida no para suplir nuestras emociones, si no nuestras necesidades básicas como alimento, higiene, transporte y educación. Por eso, es muy fácil que los problemas financieros afecten nuestro humor. O que peor aún, otros problemas nos hagan tomar todo tipo de decisiones (como las financieras) de muy mal modo.

A la hora de comprar, cancelar, prestar, pedir prestado o hacer cualquier movimiento financiera, asegurémonos de estar con la cabeza fría, así no habrá nada de qué arrepentirnos.